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Ahora somos más «Zoolander» que hace 15 años

¿Vieron la aparición de Hansel y Derek Zoolander en Saturday Night Live el sábado pasado? Si no, para eso estamos y gracias a las maravillas de YouTube y algún desocupado como nosotros que lo editó y lo puso disponible para nuestro país podemos verlo. Solo véanlo antes de leer.

Zoolander no es solo una ridícula, ridículamente graciosa película sobre dos modelos y la mirada Blue Steel. Es una crítica completa cómo la moda afecta los comportamientos sociales. Esta semana se estrenó en Colombia Zoolander No. 2 y más que hacer una reseña, quise hacer una reflexión sobre porqué ambas películas -porque creo que a la segunda parte le sucederá algo igual- son un reflejo crítico de lo que la moda hace en la cultura y en las personas.

Claro, miles de detalles graciosos e increíbles la volvieron referencia en la cultura pop y por eso muchos la recordamos. ¿Quién no recuerda, por ejemplo, la pelea clandestina de pasarela de modelos?

La aparición de David Bowie es uno de los miles de detalles la primera Zoolander, que es de 2001. Pero a lo que deseo llegar es a lo que dijo Ben Stiller (Tropic Thunder, la saga de The Night At The Museum), actor y director de ambas películas en la presentación de su nueva segunda parte en Madrid: somos más Zoolander que nunca.

Dentro del humor que en la primera película nos dejó ver los extremos de los tres personajes principales, el extremo de la superficialidad en Derek Zoolander, el extremo de dejarse llevar por las corrientes en Hansel (Owen Wilson) y el extremo de la sed de reconocimiento en Mugatu (Will Ferrell), se están criticando temas de importancia a principios de siglo y eso es lo que llama la atención.

La historia de Matilda (Christine Taylor) siendo la niña gorda del salón que después desarrolló bulimia, los orígenes humildes del propio Zoolander siendo hijo de trabajadores en una mina y como se avergüenzan de él, la forma como Mugatu trata a su asistente Todd que muestra ese mito de esclavismo en la moda, se mezclan con el «Orange Mocca Frapucchino!!!» -Que de paso también es una crítica a Starbucks, solo recuerden las filas cuando abrieron en el Parque de la 93 en Bogotá-.

¿Qué esperar entonces de Zoolander No. 2? Muchos esperan una película de entretenimiento y no saldrán decepcionados. Pero creo que hay que esperar el mismo nivel de crítica que vimos en la primera, solo que más actualizado: desde la aparición en el show de Valentino en el Paris Fashion Week del año pasado hasta que la trama principal toque el tema del selfie se puede ver. Lo que pasó en SNL es otro ejemplo.

Sin ningún problema, hablando de moda en la política (politic fashion) y teniendo en cuenta la época electoral norteamericana, no es tan difícil no reírse con la comparación de Hillary Clinton con el presidente de Corea del Norte Kim Jong-Un, relacionar a Bernie Sanders con lo peligroso que puede ser votar para los jóvenes… cuando este tiene la mayoría y con los chistes de Tom Cruise/Ted Cruz -es tan gracioso que se pierde el chiste al explicarlo explicarlo-.

Pero obviamente, la cereza del postre es Donald Trump y sus peinados estilo ‘Orange Mocca Crapuccino’ y ‘Hot Mess’ y la mirada ‘Second Place’: es imposible no reírse con esto.

Pero también es imposible no pensar que de fondo, se están diciendo una que otra verdad. Es por eso que Zoolander No. 2 vale la boleta de cine: es una crítica de lo que nos parece evidente porque lo vemos todos los días.

Los espero en la sala de cine. ¡Gracias por leer!

@Photosynthetica

Escritora, guionista y planner de pelo rosado pues (parte de) las ideas vienen con el peróxido. Hay historias en todas partes, pero el audiovisual las reúne todas. De eso quiero hablar, de las historias en el cine, las series y hasta la música. @photosynthetica en Twitter.

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